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Autodependencia significa dejar de colgarme del cuello de los otros.

                  -Jorge Bucal-

Continúo en el mismo tema porque aunque he leído mucho sobre ello, creo que me falta mucho por comprenderlo. Es más fácil cuando lo vives, ya que aplica en tu situación de vida y seguro lo entiendes mejor.

Me doy cuenta que por muchos meses o quizás ya años estuve responsabilizando a las personas equivocadas por mi situación de vida. Me sentía frustrada por no estar haciendo lo que había planeado para mi vida. A días trataba de consolarme diciendo que algún día lo haría. Otros días más pesimistas me conformaba con pensar que “esto” es lo que a mi me había tocado vivir. Tuve 2 niños en 2 años… Dejé mi tan anhelado proyecto de tener mi propia clínica veterinaria… De pronto perdí hasta mi trabajo en el que me entretenía “por mientras” y me encontré encerrada en casa, cuidando a ratos de mis niños y haciendo cosas que no me satisfacen como persona. Muy adentro de mi pensaba que hay madera en mi, madera para hacer muchas más cosas. Y para mi mala suerte confirmé que a mi marido no le gusta hacer lo que a mi. Somos diferentes. Él es un citadino, yo una persona que ama más el campo, el aire libre. Alguien que detesta estar tanto tiempo en casa, alguien que disfruta estar visitando lugares nuevos lejos de casa.

Culpé por esto a mi esposo. Le reclamé hasta morir y hasta me dediqué a destruir por coraje lo que él tenía como parte del motor de su vida. Siento mucho enojo porque creo que he dedicado tiempo, esfuerzo y he brindado apoyo a sus proyectos de vida. Él mismo lo dijo, él se sentía feliz con una mujer que lo apoyara, que se interesara en lo suyo. Pero… por qué entonces nunca se interesó él por lo mío? Aún sigo sin entenderlo. No se vale cancelar tus proyectos de vida por otra persona.

Sin embargo el día de hoy he despertado un poco. Es parte de la autodependencia. Es hacerte responsable de tu vida.  Y es cierto que si no estoy haciendo lo que yo quiero es por mi, no por nadie. Tal vez no lo hecho porque temo a que esto me separe de él… teniendo aficiones tan distintas probablemente llegaría un día en el que cada quién atiende a lo suyo… Pero hoy quiero quitarme ese temor. Quiero dejarme fluir. Quiero hacer lo que quiero! Y quiero enfocarme a MI felicidad. Todo esto lo entendí por la oportunidad que acabo de brindarme. Tomé una oferta de trabajo en la que hago parte de lo que me gusta. Estoy en el campo, camino, respiro aire puro, me ensucio las manos y como con ellas así… ja ja… Suena raro, pero eso es lo que disfruto.  Y con esto me pregunto porqué no me había dado la oportunidad antes. Temor, seguro es eso. Es lo que me detiene siempre, temor.

Sin duda lo más importante en mi vida es mi familia. Mis hijos y mi esposo en el mismo escalón de la pirámide. Y como todo mundo, up deseo prosperar en mi matrimonio. Deseo que formemos un equipo, no miembros que trabajan por su parte. Tenemos un proyecto común, que son nuestros hijos y quizás eso lo agarre como escusa para poder hacer mis propios proyectos realidad. Es suficiente tener un proyecto con él ahora. Pero pienso en uno nuevo. Quiero sentir que me apoya, pero no obligándolo ni forzándolo como hasta ahora. Quiero que fluya, que se de naturalmente. Quizás debo pensar más y más hasta dar con ese proyecto que le propondré. Ya les contaré. en su momento.

Mientras haré mi parte, seguro estaré más tranquila en alma porque mi ser está más contento, más despejado, menos enviciado y podré pensar más claramente.

Temo todavía, pero ya estoy encontrando la luz que me llevará a salir del túnel.  Todavía pienso que necesitaremos apoyarnos con ayuda profesional, pero con amor y sabiduría las cosas deben marchar bien. Y si no, al menos que no quede de mi. Soy entregada, eso que ni qué… y me entregaré más, todavía más, con mi ser y completamente a lo que más amo.

o Alf y Kao

o Alf y Kao

Oct 27, 2008

 

(pero escrita desde un mes antes cuando me llegó la inspiración)

 

Hola.

 

Pensando en que cumplimos 2 años de casados me puse a hacer un recuento de lo que se ha grabado en mi memoria, del día que te conocí hasta el día de hoy…

Han pasado taaaaantas cosas!

Debo admitir que hemos cambiado; la relación ha cambiado y los sentimientos también. No, no te asustes, no quiero decir que ya no te ame, solo me refiero a que incluso el amor y todo lo que conlleva ha ido madurando.

 

Esta es mi versión de nuestra historia…

Te conocí en un mes de mayo, hace 4 años. Te vi sentado tomando clase de japonés con mi mamá. Era en las épocas en las que también asistían Carlos y Jacobo. Yo venía regresando de la calle… y me acuerdo bien cuando nos presentaron. Tú hiciste algún comentario sobre haberme visto antes en la clínica del doctor Miguel Angel con quien llevabas a tu perro. No te ubiqué, sinceramente… Luego mi mamá comentó que tú eras el sensei de aikido del dojo que está a la vuelta de su casa.

Algún tiempo después, por allí de finales de junio volvimos a coincidir en el comedor y volvió a salir al tema del aikido y ella decía que estaría bien que yo entrara a práctica. 

Ahora que lo recuerdo, en realidad yo ya me había ido a asomar al dojo por sugerencia de mi padre quien insistía en que me diera ‘una vueltecita’. Y lo hice, un día mientras paseaba a Junior y Brandy yo solita. Pero claro, con 2 perros no era prudente entrar al dojo, así es que sólo miraba desde afuera. Me pareció un poco exótica tu clase, pues la gente se tiraba al piso, daban maromas y esas cosas.

Pero regresando al comentario de mi madre, en ese momento dije que estaría padre, aunque te confieso ahora que en realidad solo fue por seguir la corriente, ya que yo no tenía ni la más remota idea de lo que trataba esta disciplina y como que el ejercicio de ese tipo nunca fue mi hit. Tampoco sé si tú lo dijiste sólo por ser amable, pero ofreciste regalarme una copia de un documental de aikido de Steven Segal a cambio de que yo tomara una semana de clase ¿? En fin… pensé, total, si no me gusta no vuelvo a ir… pero me funcionó como terapia de unas cuestiones sentimentales que en ese momento vivía, a mi cuerpo le cayó bien y creo al corazón ni se diga… NUNCA pensé que ese sería el inicio de TODO.

 

Recuerdo aquella primera salida a México con los del dojo, fue en el mes de Agosto.  Ibamos poquitos en 2 autos. Pasaste por mi a mi casa y cuando me subí a tu automóvil trataba de pegarme a la puerta del copiloto y estar lo más alejada posible de ti… como que me intimidé al principio, pero fuiste muy gentil y me la pasé tan bien que después se me quitó el miedín, jeje. Ese día entrené con ustedes, fuimos a comer a Nagaoka, al starbucks por un café y pasamos a una plaza comercial. Allí nos apartamos de los demás y me venías platicando de que te comprarías unos tenis para tu viaje a Japón. Y aunque lo niegues, fueron insinuaciones las que hiciste cuando me decías que algún día compartirías conmigo esa botella de Ice Wine que tenías enfriando en tu refri reservada para “una ocasión especial”. Ese fue nuestro primer contacto en donde yo sentí que me dabas un trato diferente a los demás… llámame loca, pero mira, heme aquí ahora…

Luego te fuiste a Japón y yo seguí asistiendo a práctica. Por allí salió el tema de las hakamas y te escribí un correo pero luego supe que no lo habías leído hasta regresar.

 

Por esas fechas, yo ya te había agregado al chat y comenzamos a tener algunas conversaciones. Yo no tenía trabajo entonces por lo que frecuentemente prendía la compu para buscar en las bolsas de trabajo, actualizar mi CV, y pues también por ocio, así es que seguido nos saludábamos. Un día te pregunté si no había problema de que estuvieras chateando conmigo tan frecuentemente, incluso cuando estabas en casa. Contestaste que no. Recuerdo haberme extrañado… fue la primera pista para mi de que algo no andaba bien en tu casa.

 

Total, que por allí de finales de Septiembre terminé con el novio de entonces…tan solo había durado 2 meses pero había sido intenso por la situación emocional en la que me encontraba… trataba de escapar de un dolor que me perseguía y no había conseguido salir de ello con esta relación, descartaba entonces la teoría de que un clavo saca a otro.  Me sentía un poco desganada y un día te lo platiqué. Me propusiste que nos viéramos un poco más temprano de lo normal en el dojo para que platicáramos. Se me hizo muy amable de tu parte, pues no tenías porqué escuchar mis rollos y fui. Me enterneció que llegaras con tu preciada lata de chocolate blanco para mi. Realmente me alegró la tarde y pues allí fue cuando te comenté que me sentía triste por el tipo de hombres con el que había estado saliendo últimamente… que no me sentía valorada y que esta vez buscaría a alguien “con zapatos”. Me volteaste a ver con una sonrisa de oreja a oreja. En ese momento no sabía si lo habías hecho porque te habías identificado con el mismo problema que yo o porque te estabas apuntando para ser el siguiente, je je… ahora que lo pienso creo que fue por ambas razones.

 

Luego me fui a Vallarta a dar una plática en una conferencia de estudiantes de vetarinaria, antes habiendo recibido una pequeña nota escrita en italiano (¿crees que no la descifraría?) y un colguije para celular de- Kitty samurai- junto con una postal del Pabellón de oro que habías traido de Japón. A veces pienso que en realidad esos no fueron intencionados a ser regalados a mi, pero al final llegaron a mis manos. Recuerdo estar en la playa después de la plática que me habían invitado a dar y recibir un mensajito que decía: “Hola K-O”. Cuando descubrí quién me escribía me dio mucho gusto…  Desde entonces nos mensajeamos durante toda mi estancia. Me regresé antes de lo previsto para acompañarlos en la celebración #1 de dojo… fue en casa de Carlos y Elena (para variar). Pasaste por mi en tu auto y fuimos a Plaza del Parque a esperar a los otros y por el pastel. Recuerdo tu comentario después de que Antonio te chuleó tu auto nuevo y de decir que era muy chiquito como para cuando tuvieras familia, ya que su bebé acababa de nacer y él traía su auto-asiento en el suyo.  Tú afirmaste que no tenías intención de tener familia… yo sólo me quedé callada. ¿? }

Ese día me sorprendiste con un bonito detalle. Me regalaste la rola de “Ojos de miel” de Din que tanto me gustaba… te juro que yo me derretía. La escucharía una  y otra vez en mis audífonos pensando en ti por muchas muchas semanas sin que tú lo supieras…

El resto de la tarde y noche fue genial. Vimos videos, tomamos ese vinito que compartiste SOLO conmigo y nos empezamos a ver con ojitos bonitos, jeje… Recuerdo que mi sempai nos echó aventón a los 2 de regreso. Cuando me llevó a mi casa veníamos comentando algunas cosas, me di cuenta que Memo ya sabía que algo sucedía… y nosotros… nosotros sólo nos estábamos haciendo güeyes.

 

No pasaron muchos días, eran principios de Octubre y nos comenzamos a ver cada vez con más frecuencia en el café de P15. Un día me besaste… y ya no hubo marcha atrás para todo lo que venía. De esta parte de la historia voy a omitir un poco de detalles pues tan solo pensarlo me lastima un poco. De allí que sólo quiero recordar algunas cosas. Admito que no me sentía del todo bien con lo que pasaba. Estaba confundida y me desesperaba a ratos.

En diciembre de ese año nos escapamos a la Sierra Gorda. No estaba segura de qué esperar, yo creo que tú tampoco. Yo, al menos me la pasé de maravilla y creo tú al menos te escapaste de tu realidad un rato.

 

Para entonces salíamos frecuentemente juntos pero siempre acompañados y te notaba un poco nervioso. Entendía que no querías salir del anonimato aún pero eso era triste para mi.

Pasaron los meses y un día decidí que tenía que salirme de la foto… decidí tomar un descanso del dojo para no contaminar tus pensamientos. Y lo hice, duré 4 laaaaaaargos meses sin ir. Recuerdo que cuando te lo comuniqué lloraste. Es la única vez que te he visto llorar…

Lo incoherente es que no nos veíamos en el dojo, pero creo que solo duré 1 semana sin verte fuera de él. Era demasiada la necesidad mía y también la tuya. Nos lo expresamos muchas veces. Pero creo que me di a entender por medio de mi huelga, I clearly made my point… estaba sacrificando algo tan importante para ti y para mi para que te animaras a tomar las riendas de tu vida y tomaras alguna decisión, la que fuera y la ejecutaras, o al menos retomaras lo pendiente.

 

Me dolía mucho no poder hacer público lo nuestro. Me dolía no poder decir con orgullo que eras mi novio. Me dolía ver que mi familia no estaba muy contenta con los acontecimientos. Por eso te pedí que habláramos con mi madre. Después de la tormenta comenzamos a ver el cielo… se quitaron las nubes y salió el sol. Creo hasta un arcoiris… Nunca dejé de amarte… de querer pasar mi vida junto a ti.

Fueron largos meses, largas noches en las que no dormía y muchas lágrimas. Pero después de estar apunto de desistir, llegaron buenas noticias.

Después vinieron momentos muy bonitos. En ese año empezamos a hacer planes! Te ayudé a buscar casa.

Te operaste los ojos como parte de tu reinvención. Nos fuimos a la Muralla en Amealco solitos el fin de año. Luego hasta Japón! Entrenamos juntos en Hombu dojo y nos compramos Hakamas iguales en Iwata.

Nos fuimos a Veracruz con tus amigos. Fuimos a numerosas bodas de conocidos. Comencé a acompañarte a ver a tu familia. Conociste a la mía y fuiste conmigo en Navidad a casa de mis tíos. Fuimos a seminarios en México y a muchos viajes con los compañeros. Me apoyaste y hasta patrocinaste parte de mi examen de 4to kyu.

Recibí el tan esperado anillo de compromiso en un inesperado día que fuimos a patinar en hielo a León… celebramos tu cumpleaños, nos escapamos a Mineral de Pozos… y… sin saber ni cuando ya habíamos encargado a Haru. Luego decidimos que nos casaríamos ya. Fuimos a Coatzacoalcos a comunicárselo a mi padre… temblábamos los dos.

El brindis estuvo bien, aunque ya llegará la hora de negociar contigo pues estoy todavía con ganas de algo más, pero será más adelante.

Vimos juntos crecer mi vientre. Tomamos numerosas fotos… Le pusiste música al bebé.

Fuimos 2 veces a San Antonio. El shopping estuvo divertido.

Te acompañé a tus examenes de japonés a México y fuimos a comer al hotel Nikko que ninguno conocíamos. Visitamos el museo del papalote, el zoológico y el museo de antropología.

Compramos nuestro primer árbol de navidad y horneamos nuestro primer pavo que compartimos con nuestras familias.

Aprendiste a hacer crème brulée, clericot y empanaditas.

Empezamos a amueblar la casa, nos hicimos de sala, comedor, alacenas nuevas en la cocina, computadora, camas… le dimos vida a las paredes colgando en ellas fotos de los buenos recuerdos como familia.

Asistimos juntos a un curso de preparación psicoprofiláctico. Respiramos y nos relajamos juntos.

Me acompañaste en la primera cesárea, llegó Haru y nos estrenamos como papás. Cambiaste el primer pañal de tu hijo! Me animaste a que lo bañáramos en regadera.

Nos apoyamos en las desveladas y los momentos difíciles cuando lloraba y disfrutamos de la parte bonita de tener un bebé… sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus primeras gracias…

Viajamos hasta Cuernavaca y al Edo. de México con ese bebé. Nos hospedamos en una cabañita…

Celebramos nuestro primer ‘día del padre’ y ‘día de la madre’.

Cambiaste de trabajo y te regresaste a donde estabas. Vendiste tu auto pequeño, ese que tenías porque -no pensabas tener familia-, para hacerte de un auto donde cupiera la carreola.

Tuvimos el honor de tener a tu sensei de Canadá en el dojo y en casa y lo paseamos por la ciudad.

Inventamos cada año una celebración para el aniversario del dojo. Observo con orgullo ver que crece ese proyecto en el que te esfuerzas a diario y por eso insisto en que se tiene que celebrar.

Asistimos a innumerables pláticas en la guardería y escuchamos cada sábado en un intento de mejorar nuestro desempeño como papás, el programa de la psicóloga ,‘escuela para padres’.

Fuimos a Huichapan a subirnos a la tirolesa y estuvimos por primera vez en un cumpleaños de rancho con todo y banda.

Fuimos a nadar y a asar nuestro super corte en un anafre que nos compramos.

Celebramos nuestro primer aniv. Y me sorprendiste con una deliciosa y romántica cena en ‘Simple’.

Nos sentamos cada fin de semana a almorzar comida casera que hago con mucho cariño para mi familia.

Nos tomó por sorpresa un segundo embarazo…

Me acompañaste a una comida en el campo con mis ‘DPAI’s’ y comimos una deliciosa barbacoa. No quisiste regresar al trabajo de lo agusto que estabas.

Tuvimos nuestra Aiki-posada y nos reimos con el show de magia que llevaste para todos.

Compusimos las grietas de las paredes y les cambiamos los colores. Se comenzó a llenar la casa de juguetes que hacen ruido, migajas en el piso y huellitas en los muebles.

Fuimos por segundo año consecutivo al festival del día del niño en la Asoc. México-Japonesa.

Frecuentamos el starbucks con nuestro pequeño que siguiendo los pasos de sus padres come panquecitos y bebe caramel macchiato.

Concursamos con una rana… esa maldita rana que tanto nos costó y hasta tuvimos un gran disgusto por ella…

Nos tomó por sorpresa una segunda cesárea. Así llegó Kenji. Lo recibimos con mucho amor y completamos la familia.

Tomamos la decisión de que seríamos nada más cuatro y platicamos de la vasectomía.

Compramos coche. Fuimos al circo con nuestros dos ‘tamagochis’. Cantamos karaoke. Enseñamos a Haru sus primeros pasos en el dojo.  Ahora ya hace kotegaeshi, seiza, rei y lo hace muy bien.

 

Parece como si fuera toda una vida… y son solo 2 años los que han pasado, nos falta mucho por delante… Disfrutemos cada momento. Cada aprendizaje, cada sonrisa, cada riña, cada abrazo… Espero que hagamos muchas pero muchas más cosas juntos. Todavía nos falta ir a la playa y a la nieve. Falta Disneylandia, Europa y Japón… Falta escoger un kinder, secundaria, prepa, etc. de los niños. Falta meterle muchas moneditas a la alcancía… Falta que construyamos nuestra casa, una que tenga un jardín donde los fines de semana podamos hacer carnes asadas y colgar una hamaca entre 2 árboles del jardín. Falta presenciar las primeras palabras de Kenji y verlo correr tras Haru… Nos faltan muchas graduaciones. Falta conocer a las nueras, a los nietos… Falta que envejezcamos juntos y nos sentemos a ver DEXTER temporada 25 en la tele un fin de semana. Falta que nos amemos, que nos cuidemos más. Falta ponernos una buena borrachera cuando los chavos no estén. Falta ir a más conciertos y salir a festejar más aniversarios. Falta amanecer muchas pero muchas veces juntos abrazados y sobre todo como más me ha gustado: entrepiernados (igual que  lo dijo Ricardo Montaner)…

 

Alfredo, te digo un secretito? TE AMO, y no eres nada menos que MI VIDA misma

 

 

Esta es mi primera entrada del Blog. Cuando decidí inscribirme pensaba sobre qué escribiría, pero luego pensé que lo haría de manera más espontánea, más natural, y que a lo mejor un día me despertaría, entraría a la página y tendría ganas de escribir sobre lo primero que me viniera a la mente. Y pues pasa que ayer leía un libro de Melody Beattie llamado “El Lenguaje del Adiós”.  Generalmente uno lee este tipo de libros cuando el corazón está en problemas, metido en una situación donde uno está muy susceptible. Y uno capta algunas cosas cuando lo lee en esos momentos, pero qué pasa cuando decides tomar uno de estos libros y lo lees un día normal? Uno en el que no tienes problemas con nadie o estás metido en un enredo amoroso?? Captas diferentes cosas, no? Y pues eso me pasó a mi. No estoy yo para contarlo, ni ustedes para saberlo pero he tenido una vida sentimental algo complicada. Me he enamorado, he entregado el corazón y el mismo que me han regresado hecho pedacitos un par de veces. La última, creo ha sido la que me ha dolido más. Mi relación más “seria”, por decirlo de alguna manera terminó de manera caótica… (y por si se lo preguntaban este es el motivo por el que me auto-apodé “Kaos”). Y no crean que este suceso es reciente. No, para nada… De hecho ahora tengo mi familia, es decir, soy casada y tengo 2 niños pequeños. Puede decirse que por ahora soy feliz, sin embargo todas estas experiencias de desamores que he vivido me han marcado en la vida. 

Entonces… les contaba que tuve un gran amor. Hubo un tiempo en el que pensé que era la relación perfecta. Nos la pasábamos muy bien juntos. Reíamos mucho, tanto que nos dolía la panza. Realizábamos muchas actividades solos o con amigos. Nos encantaba salir de campamento, andar en bicicleta de montaña, ir a sesiones de vuelo en ala delta, ver películas y pasar interminables horas en algún lugar que en un comienzo era la casa de sus papás o la de mis papás y posteriormente fue la casa a donde se mudó a vivir solo. También tomamos clases de francés juntos durante 2 años y nos divertíamos horrores… tanto que las maestras siempre nos callaban por el escándalo que hacíamos durante las clases. Entonces cambiamos de tácnica y  pasamos a escribirnos recaditos en un cuaderno, así haríamos menos ruido. Un día, él escribió en mi cuaderno de francés una nota: “WYMM?”. Le dije que no entendía, entonces me dijo: “Te lo voy a traducir al español” y escribió: “TCC?” Pueden imaginarse lo que significaba? Me estaba pidiendo matrimonio. Me sentía en las nubes y me hizo muy feliz por el tiempo que duró en mi cabeza esa ilusión..  Un día, claro está nos sentamos a platicarlo detenidamente. Yo tenía 21 años, él 26. Él trabajaba y yo seguía estudiando la carrera. Le pedí que me esperara, yo quería terminar la escuela. Entonces lo convencí de que lo postpusieramos hasta que yo terminara, en 2 años más, y entonces nos aventuraríamos de inmediato al matrimonio. Pero… en algún lugar del camino nos perdimos.

Y la historia perdió su toque de alegría un abril. Un día que de la nada decidió que ya no quería estar conmigo. Ese día me dijo 3 cosas que me causaron dolor, mucho dolor: “Kaos, ya no te quiero igual que antes”, ”Yo??? Casado contigo… no me veo”, y ”Quisiera salir con otras mujeres”. No podía creerlo… me sentía traicionada. Literalmente me rompió el corazón. No quiero ni platicar detalles porque increíblemente no deja de doler cada que lo hago, lo que les puedo decir es que fue tal mi dolor que terminé con un shock emocional muy fuerte, con un ataque de neurosis que me mandó al hospital y unas dosis de tranquilizante las cuales me tumbaron hasta el día siguiente cuando desperté ya en mi cama.

Allí comenzó un largo camino para mi. Un camino de concientización. Las primeras semanas sufrí de muchísima angustia. Tenía ataques de pánico cuando me encontraba sola en mi habitación por lo que buscaba refugiarme con gente para no estar sola, llegué a sentir miedo de mi. Quería correr a su casa y hablar con él, lo cual sí acabé haciendo unas cuantas veces. Pero él dejó muy claro que ya no quería más… que debía irme antes de que me lastimara más. Me recargué en mis amigos, mi familia trataba de ayudarme. No podía estar sola, me entraba esa sensación de angustia y lloraba demasiado. Mi mamá platicó conmigo y me comentó sobre la idea de ver a un terapeuta. Lo hice, fui atendida por mi ahora querido Psicólogo Gerardo Moreno. Asistí a terapia durante 1 año y hablé, hablé, hablé… Estaba en duelo y costó mucho superarlo. Y esa fue la primera vez que empecé a leer libros sobre autoestima, codependencia, duelo, desamor, etc… En varios, incluyendo el que menciono al inicio encontré la tranquilidad de saber que no tenía nada de malo sentirse herido. Que tenía que permitirme sentir dolor, que es tan humano llorar como reír y que es una válvula liberadora de presión interna. Que así como teníamos derecho a invlucrarnos al máximo de nuestra capacidad en cada relación, también tenía derecho a atender y sanar este dolor que de esa relación se generó para entonces poder seguir adelante con mi vida y tener disposición nuevamente de entregarme en todas las relación que vinieran después. Pero todo esto requiere de responsabilidad. Nada de culpar a otros ni a las circunstancias. Que nadie es responsable de nuestra felicidad o de todo lo contrario mas que nosotros. Y que hay que estar preparados para las recaídas (esta es la parte que a veces todavía me asusta).

Al inicio me dejaron tarea en terapia. Leí libros como “Mujeres que aman demasiado” de Robin Norwood y “Cuando el amor es odio” de Susan Forward. Pero estos libros, aunque con algunos mensajes buenos, se enfocaban más en el tema de la misoginia, de la baja autoestima, etc… temas que me incumbían seguramente pero no me ayudaban a encontrar el camino para superar esos sentimientos que tenía de dolor y tristeza.  Un día un gran amigo con quien yo trabajaba entonces me regaló una copia de unas reflexiones en audio. El autor era Jorge Bucay. Quedé impactada de lo que decía.  Realmente aplicaba en todos los sentidos a mi situación. Entonces decidí buscar libros suyos y acabé leyendo: “El camino de la autodependencia”, el cual me enseñó sobre el conocimiento de mi individualidad. Y claro, que no podemos ser seres completamente independientes pues pertenecemos una sociedad, allí es donde hay que hacer la distinción con la “autodependencia”, cuando se vuelve responsable y acepta las consecuencias de sus actos. ”El camino de las lágrimas” el cual habla sobre los duelos, de la aceptación de una pérdida y a mitigar el dolor que de ello se genera. Recuerdo que incluye una historia en donde nos habla de que muchas veces debemos soltarnos de las cosas que nos atan, soltarnos de ese sentimiento que nos lastima, y confiar en que tal vez, el mero hecho de “soltarnos” nos ofrezca nuevas expectativas y nuevas oportunidades de éxito.  Más adelante leí “El camino del encuentro”, muy bueno también pues habla sobre las relaciones, las diferencias sobre el sexo y el amor.

Y seguiré leyendo. Seguiré aprendiendo, aún cuando ya pasó ese evento, esa relación pues sigo teniendo muchas preguntas. Me gusta ahora conocerme mejor, ahora sigue buscar el equilibrio. Y esto quizás sea un gran reto.

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