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A veces olvidamos nuestra esencia. A veces olvidamos las capacidades más hermosas del ser humano.

Te has dado cuenta que a veces en automático estamos a la defensiva, esperando a ser atacados. Así nos hemos hecho la gente de la ciudad. No confiamos, no nos entregamos (al menos no a cualquiera), no sentimos gratitud, no apreciamos a los otros iguales que nosotros y no repetamos.

La gente de campo no es así. Es natural. Nada de estar siempre estresados pensando en lo malo que nos puede pasar, en que la gente puede engañarnos, robarnos, llevarse nuestro crédito. Ellos no son así.

En estas semanas que me he conectado un poco con las comunidades rurales, con la gente que está en estos lugares gracias al nuevo trabajo que tengo, he vuelto a conectarme con la parte “humana” del humano.

Me encanta saber que la gente está super agradecida por los apoyos que recibe. Me dorprende que ellos todavía tienen la esperanza del gobierno, de las instituciones de ayuda al desarrollo rural, de los funcionarios públicos, etc. 

Es increíble cómo las personas están dispuestas a dar el 1000%. Que si no terminaron un compromiso son capaces de trabajar el doble, el triple o el tiempo necesario para sacarlo adelante a tiempo. Y no es fácil… no es como en la ciudad que sólo te subes a tu carrito y llegas a cualquier lado. Ellos caminan… y no caminan 5 minutos. Ellos caminan horas y horas, kilómetros y kilómetros. Ellos cargan y trabajan arduamente.  Y lo mejor de todo es que están gustozas! Es bien bonito ver que trabajan con mucho entusiasmo y sin quejarse, aún cuando nosotros vemos que no está fácil la chamba que les tocó, la parte que les tocó aportar que es la mano de obra.

Las faenas son duras. El que no puede ir deberá cubrir su faena con un “peón”. Alguien a quien le paguen para que haga su chamba. Nada fácil. A ellos no les sobra el dinero.

Este es mi primer contacto directo con el extensionismo. Aunque llevaba ya más de 3 años en un programa dedicado a la asistencia técnica de pequeños productores pecuarios, esta es mi primer verdadero contacto en campo. Es una friega, sí… hay que desplazarse por muchas horas de comunidad en comunidad. Algunas están en los lugares más recónditos donde creía que el viento daba vuelta, pero así es… es donde la gente decidió instalarse para llevar su vida. Allí es donde hay que estar y allí es donde nos necesitan.

Pero se siente bien saber que les llegan recursos a la gente de campo. Que tienen su apoyito que les sirve de algo y poco a poco progresan. A esa gente agradecida, humilde, chambeadora es a la que hay que apoyar, es nuestra gente del campo.

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